05 julio, 2015

BÉSAME, PRINCESA (I)


Septiembre 2014. Erótica.

Lucía no es una chica como las demás. Bailarina de profesión y luchadora, soñadora, descarada e impulsiva por pasión. Disfruta de la vida tal como le viene. No es la típica princesa que se deja deslumbrar.

Hans no es un chico como los demás. Enamorarse no entra dentro de sus planes. Descarado, picante, sabroso y dulce en ciertas dosis. No es el típico chico que se enamora a la primera de cambio.

A veces el camino más recto no es el que te lleva al amor.

Hans y Lucía tendrán que aprender a disfrutar de esas curvas y enamorarse.

PORQUE MIRAR NUNCA FUE TAN EXCITANTE.






PRÓLOGO

Varios años atrás

«No tienes cuerpo de bailarina. Tus caderas son demasiado grandes, tus pechos despistarían a cualquiera y te sobran cinco o seis kilos. Ningún bailarín podría hacer ningún tipo de elevación contigo, así que despídete del ballet bonita». 
Las palabras de aquella estúpida estirada retumbaban en mi cabeza mientras estaba sentada en aquel bordillo tratando de recuperarme del mazazo que me habían dado en la última audición. Después de tanto trabajo, de tantas noches preparando las rutinas, de destrozarme los pies y las malditas dietas milagro para tratar de perder un par de kilos, que aseguraba que habían acabado con mis neuronas, me cerraron las puertas en mis propias narices.
¡Estirada esquelética! Normal. Con ese moño tan tirante que llevaba, no dejaba que la sangre le llegase al cerebro. Muchas veces pensé en tirar la toalla pero me encantaba bailar y desde que había llegado a Los Ángeles, me había partido literalmente el culo trabajando y aprendiendo en la academia de Wen. Día y noche aprendiendo, practicando y luchando, para acabar siempre con la moral por los suelos tras cada audición. Si no era mi edad, era mi cuerpo y si no que no era lo suficientemente rubia de ojos azules. Vamos, que no había nacido para ser una estrella del Ballet Ruso. Coño, eso ya lo sabía yo, pero la forma que nos trataban, como si fuéramos ganado que va al matadero, me molestaba muchísimo. Y bastante me mordí la lengua para no decirle lo que realmente pensaba de ella. Zorra asquerosa. Autocontrol. Mmmmm. Yoga, mis lecciones de yoga eran lo que necesitaba en aquel momento.
Estaba sentada en el bordillo de una de las escaleras de incendio del edificio contiguo frotándome los pies, después de habérmelos machacado haciendo varios fouettes durante muchos minutos. Solo se oía «continúa, no pares, no pares, hasta que te sangren los pies». Maldita zorra malfollada. 
—Esa es una hija de puta, no te preocupes por lo que te ha dicho. Ella ya está vieja y amargada. Lo único que quiere es joderte las ilusiones. —Levanté la cabeza y allí estaba Rose, mi compañera de la academia de Wen, mirándome con sus enormes ojos azules. 
—Miraba más al coreógrafo que a nosotras. El grito que ha pegado cuando la otra chica se ha tropezado haciendo un cabriole —negué fuertemente con la cabeza—, que se ha torcido el tobillo al caer y ha ido al suelo, es inhumano. Coño, que es un paso de tíos. Ninguna chica lo puede hacer bien. —Resoplé fuertemente.
—Casi te echa de la audición por ir a ayudarla —abrió mucho sus ojos.
—Menudo grito me ha metido la muy zorra.
—No merece la pena que te mates en estas audiciones para que no pases de ser la segundona en cualquier obra de mierda. —Tiró su bolsa al suelo—. Yo estuve un año y medio en la compañía de esa señora y no pise ningún escenario. Pero me tenía que matar a ensayar. Hasta que te sangren los pies. —Cerró los ojos—. A ella le hacía yo sangrar pero la cara. —Pegó un puñetazo al aire.
—Eres única, Rose —le sonreí y me levanté descalza. Tenía los pies amoratados y con algún corte gracias a las puntas.
—Sé que es una locura y desperdiciar tu talento es horrible pero yo tengo una pequeña academia. Llevo muy poquito con ella y estaría encantada de tenerte conmigo. —Levanté la vista—. Eres muy buena y siempre tienes grandes ideas. Sé que Wen me matará por llevarte a mi academia pero es una buena oportunidad. Podrás dar clases de lo que más te guste, no solo relacionado con el baile. Sé que tocas más palos y hay muchas de esas ideas que me gustaría explotar. Yoga. —Le miré sorprendida por que lo supiera—. No me mires con esa cara. Te he visto cuando acabamos las clases relajándote. —La miré unos segundos y ni me lo pensé.
—Tendría que hablar con él pero puedo seguir yendo a sus clases y trabajar para ti, aunque nunca en mi vida he dado clases de ningún tipo. —Me puse las zapatillas.
—Vamos a tomar algo y lo hablamos. —Me pasó el brazo por los hombros.
—No puedo, he quedado con un amigo para tomar una copa. —Sonreí.
—¿Está bueno? —me miró con sus grandes ojos muy abiertos de nuevo.
—Podría decirse que puede perfectamente, romper nueces con el culo. —Nos reímos—. Y creo que tiene un amigo, que no está nada mal Rose. —Me pasé los dedos por la boca.
—De acuerdo, de perdidos al río. Necesito darle alegría a este cuerpo o se me acabará cayendo a cachos.
Terminamos el desastroso día en un local los cuatro riéndonos, bebiendo y empezando una noche inolvidable. Me reía mucho con Rose y con esa boquita de piñón. Cualquier cosa que se le pasaba por la cabeza, lo soltaba sin pensarlo. Y eso es lo que nos unió en la academia de Wen. Soltar por nuestra preciosa boquita todo lo que pensábamos. Por eso nos llevábamos tan bien. Aunque a veces nos matásemos, aunque a días nos odiásemos, era una relación de amor-odio en la mejor de las versiones. 
El local en el que estábamos no era un local muy normal. La fiesta era un tanto extraña. Las parejas se besaban en cualquier esquina y sus manos se introducían por la ropa sin miramientos. Nos dimos cuenta las dos a la media hora de llegar, pero estábamos tan bien acompañadas, que nos dio igual.
—Chicos voy un momento al baño. —Miré a Charlie queriendo saber dónde estaba.
—Al fondo, cruzas el pasillo largo y a la derecha. —Me agarró dulcemente del brazo.
—Gracias. —Les guiñé un ojo.
Mientras iba hacia el baño, vi a varias parejas que habían pasado de la primera base y estaban haciendo un home run completo. Al girar la esquina me topé con una pareja semidesnuda. Paré en seco y me quedé detrás de una columna. Dentro de mí se despertó una curiosidad, que siempre había tenido, pero que nunca había dejado salir del todo. Siempre había tenido esa inquietud de ver a otra pareja disfrutando. Pero antes de aquel momento no lo había hecho o al menos de una forma tan descarada. Dentro de mí se encendió una llama de excitación que no podía apagar simplemente dejando de mirar. Me asomé por una esquina de la columna y les observé. Como él le besaba las tetas por encima del sujetador, sacándoselas y tirando de sus pezones. Me llevé las manos a los míos y estaban como los de ella. Esperando a que alguien les prestase un poquito de atención. Me estaba excitando solo con verles y parte de mí, quería estar allí con ellos. Al notar cómo ella arqueaba la espalda para recibirle me di cuenta que estaba tan excitada como ella. Dios mío. No podía dejar de mirarles. No podía apartar mis ojos de ellos dos, ni las manos de mi cuerpo. 
—¿Vas a empezar una fiesta sin mí? —miré para arriba y allí estaba Charlie. Mi rubio de ojos azules y metro noventa.
—No, yo… —traté de excusarme sin éxito—. Iba al baño y… —me quedé sin palabras.
—Te has quedado observando el festín que se están dando. ¿Te excita verles? —volví a mirar a la pareja detenidamente.
—Sí, siempre he tenido curiosidad pero la verdad es que nunca había observado con tanto detenimiento. —Ahora ella estaba encima de él jugando muy fuerte.
—Pues disfrutemos de tu curiosidad nena.
Guie las manos de Charlie hasta hacerlas llegar entre mis piernas. Sus dedos se introdujeron dentro de mí lentamente, acariciándome el clítoris y haciéndome gemir. Se deshizo de mi vestido, dejándome en ropa interior, a la vista de cualquiera. Otra vez ese hormigueo en mi estómago. No solo me ponía cachonda ver a otras personas follando, me excitaba que nosotros pudiéramos ser observados. 
En aquel momento descubrí que mi curiosidad era más excitante cada noche que pasaba con Charlie. Así descubrí que en Los Ángeles, la ciudad de las estrellas, éstas no solo se podían ver en el paseo de la Fama. Con Charlie aprendí a ver las estrellas cada noche. Esa fue la primera de muchas aventuras entre los dos.
Comencé a trabajar con Rose en la academia y la verdad es que era divertido. Poco a poco fui haciéndome a las clases, a los horarios y a las noches sin dormir gracias a Charlie. La academia se convirtió en mi segundo hogar y Rose en la hermana que nunca tuve. La verdad es que me salvaron poco a poco. Me salvaron de aquellas pesadillas que me seguían atormentando por las noches.

—Dios mío, me va a estallar la cabeza. —Estaba tumbada en el suelo de la academia.
—Necesitas descansar. Las horas aquí, las clases de Wen, las horas que metes en el bar y Charlie, te van a terminar matando. —Se empezó a reír—. Pero creo que Charlie lo hará de puro placer.
—Mi tía y Pablo necesitan el dinero. —Empezó a sonar mi teléfono—. ¿Quién será? ¿Si? —descolgué sin mirar la pantalla.
—Hola, maitia. ¿Qué tal estás? —era mi tía Anita.
—Hola, tía. Qué alegría escucharte. Ahora mismo estaba hablando de ti. —Sonreí pensando en ella.
—No me pitaban los oídos, así que supongo que sería algo bueno.
—Sí, más o menos. —Solté una carcajada.
—Mi amor, tenemos que hablar. —Me levanté y salí a la calle preocupada por su tono de voz.
—¿Qué pasa, tía? —noté tristeza y preocupación en su voz.
—Me cuesta mucho decir esto, pero, no puedo hacerme cargo de Pablo. Se mete en muchos líos y la verdad es que soy incapaz de contenerle ya. —Me llevé la mano a la cabeza.
—¿Qué demonios te está haciendo? Este niño nos va a matar. —Noté cómo mi tía se callaba. Me senté en un banco pensando en la última vez que vi a Pablo.
—No tengo treinta años y no puedo seguirle el ritmo. Yo había pensado en que se podría ir a vivir contigo. Allí, a Los Ángeles. —Se le iba apagando la voz mientras me lo iba diciendo.
—¿Conmigo? —salté del banco en el que me había sentado—. Yo trabajo muchísimo para poder enviaros el dinero a España y no tendría tiempo para poder estar con él. Son muchas horas fuera de casa y —noté cómo comenzaba a faltarme el aire—. No es que no quiera verle, me encantaría, pero… Joder, suena fatal lo que he dicho. —Paseé por la acera pensando callada unos segundos—. Claro que sí tía. Tú ya has hecho mucho por nosotros y es hora de que me haga responsable de Pablo. Es mi responsabilidad ahora mismo. 
—No es eso, cariño, pero es que aquí no hay más que problemas, y creo que allí podría terminar sus estudios. Entrar algún día en una buena Universidad. —Noté cómo su voz se iba apagando de nuevo con tristeza.
—¿Tú estás bien? Me preocupa lo que me dices de no puedo seguirle el ritmo. Eres muy joven y ¿todo está bien? 
—Claro que sí, cariño —carraspeó—, pero pienso que allí puede tener más oportunidades y podría ser más feliz a tu lado. 
—No ha querido hablar conmigo en estos años, me sigue odiando por abandonarle tía. —Pensé en las palabras de Pablo cuando me fui de España.
—No te odia. Solamente no entendió porqué te fuiste. Nos has estado cuidando a miles de kilómetros de distancia cariño. Recuperarás su amor poco a poco. No te preocupes por eso. —Cerré los ojos negando con la cabeza.
—Supongo que sí. —Resoplé fuertemente.
—Cariño, te llamo mañana y hablamos un poco, que me viene a buscar Hernando para hacer unos recados.
—De acuerdo, tía. Te quiero muchísimo.
—Y yo a ti, maitia. Recuerda que siempre os querré.
Me quedé unos segundos mirando mi teléfono. Mi tía no podía hacerse cargo de Pablo y era hora de que tomase las riendas de nuestras vidas y tratase de solucionar todos nuestros problemas.
Rose conocía cual era el verdadero motivo por el que yo estaba en Los Ángeles. Nos montamos en mi Mini y fuimos a ver el atardecer a la playa de Santa Mónica, cerca del muelle. Era una pequeña tradición. Cuando el día había sido una completa mierda o teníamos algo rondándonos la cabeza, terminábamos viendo el atardecer más bonito de la costa Oeste con un buen Frapucchino de Starbucks bien cargadito.
Puse la música y nos tumbamos en el capo mirando el horizonte. Comenzó a sonar “Today my life begins” de Bruno Mars. Era la canción más adecuada para aquel momento. 

Voy a romper estas cadenas que me atan, la felicidad me encontrará. Dejaré el pasado detrás de mí, hoy mi vida comienza aquí. Un nuevo mundo me está esperando. Sé que puedo hacerlo. Mi vida empieza hoy.

®Bésame Princesa. ©Marta Lobo


Título original: Bésame, Princesa.
Primera edición digital: Vitoria, julio 2014
Diseño de portada y contraportada: Marta Lobo

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