29 diciembre, 2016

CINCO DÍAS PARA ENAMORARSE

Febrero 2016. Romántica contemporánea.

Marina dejó Madrid hace años y se instaló en Londres.
Cada día lidia con un jefe que la martiriza, pero ella sabe cómo llevárselo a su terreno.
Tras dos años sin verse sus amigas deciden organizar unas vacaciones muy especiales.
Primera parada, Londres,
Segunda parada, una paradisiaca villa privada en Cerdeña, pero lo que ninguna de ellas imagina es que sus planes de trastocarán por completo.
Recorre de la mano de estas cinco amigas las calles de la ciudad de las nuevas oportunidades y sé parte de las historias que ellas mismas te contarán.
Porque el amor las está esperando y las encontrará en el momento más inesperado y de la forma más insospechada.

¡ENAMÓRATE!





PRÓLOGO

“Un hermano puede no ser un amigo
pero un amigo será siempre un hermano”.
Demetrio falero

      Marina

Dios, creo que me he pasado con las copas de alcohol en esta maldita fraternidad o lo que demonios sea este sitio. Y yo que creía que estas cosas solamente pasaban en las películas americanas de adolescentes híper hormonados.
Miro a mi alrededor y a decir verdad no veo que sea una fraternidad. Más bien es un agujero negro dentro de algún edificio abandonado en alguna parte de Madrid. Me apuesto el culo.
Pero el tema de las novatadas, no se han quedado en esas películas donde la cheerleader sale con el quarterback de turno, no. Las novatadas me han pillado.
Me paso la mano por la barbilla y veo que tengo dibujado en la cara algo negro al bajar la vista. Es lo único que alcanzo a ver si bizqueo un poco los ojos y miro por debajo de mi nariz. Por Dios, que sea un bigote y no un pollón del tamaño de un obús. Busco un espejo por la habitación pero no encuentro nada.  Mierda, sí que lo es. Dos pelotitas asoman al otro lado de la cara. Genial. Primera noche en Madrid y con esto en la cara.
Busco con la mirada a Rocío, mi mejor amiga, y me la encuentro en otra parte de aquella habitación. Ella también tiene algo dibujado, pero claro, con el estilazo que tiene ese pequeño y mono bigote le queda hasta bien.
Rocío es de esas chicas pequeñitas con un encanto natural y muy especial. De esas que salen con el pelo despeinado, unos vaqueros rotos y unas bambas a la calle, y no parecen que va a robar al chino de la esquina.
—¿En serio? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? —le pregunto mientras bajo mi mano en la que aparece una probeta llena de un líquido verde.
—No me lo puedo explicar. Yo tan solo he bajado a por un sándwich a la máquina cuando te he visto aparecer corriendo por el pasillo como una loca.
—¿Puedo alegar enajenación mental transitoria? —digo recordando ligeramente lo sucedido.
—No. Eso en un tribunal seguro que no colaría. —Rocío está estudiando derecho. Obtuvo la nota más alta de selectividad en toda España.
—Pero —no puedo terminar de hablar cuando escuchamos unos gritos que cada vez están más cerca. Son gritos de hombres. Parece que están persiguiendo a la única virgen del mundo para procrear—. ¿Pero qué coño está pasando?
—Sabía desde el primer momento que te conocí en el instituto que me ibas a traer problemas —dentro de su tono serio puedo ver cómo se empieza a dibujar una sonrisa en su boca—. Pero ¿sabes una cosa? Me encantaste aquel día y lo sigues haciendo. Aunque estés como una maldita cabra.
—No sé si soy lo que a tus padres conservadores les gustaría Rocío. —Les conocí el primer día y lo supe por su mirada de rechazo a mis pantalones rotos y a mis botas de tachuelas.
—Lo sé. Soy su única hija, la que ha estado encerrada en casa estudiando para tener la mejor nota, la que no ha salido con ningún chico y bla bla bla. Eso diría mi madre. —Se empieza a reír a carcajada limpia—. ¿Sabes que se morirían si me vieran con lo que tienes dibujado en la cara?
—Lo sé Ro, pero para tener una polla en la boca dibujada como esta —me la señalo—, hay que tener algo especial.
—Lo que hay que tener es poca vergüenza. —Tiro de su mano para salir de aquel agujero.
—¿Vergüenza para irnos a comer algo? —Rocío hace un gesto de negación—. Mis tripas piden burritos de media noche y un batido de chocolate con nata.
Al salir nos encontramos a los hombres que emiten esos rugidos y dos de ellos me cogen en volandas y me mantean. Pienso que voy a acabar cenando burritos con un pollón en la cara y sin dientes. Sería una bonita foto para la orla de la universidad. Marina Castro alias la Sindi.
—Marina, Marina, Marina —corean al mantearme.
—¿Dios que he hecho? —El más grande de ellos me coge entre sus brazos y me aleja de todos un poco. Cuando me deja en el suelo veo que lleva un sujetador. Mi sujetador para ser más exacta. Mi sujetador y sus calzoncillos. Al menos no lleva mis bragas de Superman—. ¿Puedes decirme cómo has acabado con mi sujetador?
—Joder Marina. Tu apuesta era clara.
—¿Mi apuesta? —no sé de qué demonios está hablando.
—Eres tú la que nos has incitado a correr desnudos por el parque de la universidad. Has sido la primera en quitarte la ropa sin pensártelo. —Me fijo y veo que solo llevo mis botas y una camiseta de baloncesto excesivamente grande.
—Ya decía yo que me entraba aire por los bajos.
—Eres pura dinamita nena. Creo que estos años nos lo vamos a pasar en grande.
De repente escuchamos a la virgen que persiguen justo a nuestro lado. Pero en realidad es ella la que les está persiguiendo a ellos.
—¿Ahora paráis? ¿Es que el decano ha aparecido?
A nuestro lado se encuentra una rubia con los ojos azules vestida con un horrendo mono naranja y un número en su pierna escrito que me quedo mirando.
—Alicia, ¿qué crees que dirá papá y mamá cuando se enteren de esto? —el tío grandullón señala a la rubia presidiaria.
—Venga no me jodas Lucas —se dirige al chico grande que tengo al lado —. ¿Se lo vas a contar tú? Porque si lo haces le diré que me obligaste a beber y corriste desnudo incitado por una morena.
—Yo no he incitado a nadie —contesto sin pensar.
—Claro que sí. He visto cómo apostabas a que si te quitabas el sujetador en menos de diez segundos sin quitarte la camiseta, ellos tendrían que correr desnudos, y uno de ellos con tu sujetador. —Esta acusación debe ser correcta por nuestras pintas.
—Vale, soy culpable, pero que nos les ha costado nada hacerlo.
—Ya sé yo lo que trata de hacer mi hermanito para ligarse a una morena guapa como tú. —Me tiende su mano con una gran sonrisa en la cara—. Me llamo Alicia y soy la hermana de este mendrugo con sujetador. Oye ¡qué mono es! ¿Ya te ha pedido tu número? —su hermano agacha la cabeza avergonzado.
—Joder Ali eres especialista en cagarla.
—Ves, yo soy más simple que todo eso. Me he escrito mi número en la pierna y así quien quiera lo tendrá. —Miro su pierna y me empiezo a reír.
—Eso sí que es ligar a lo grande Alicia. —Esta tía parece muy auténtica.
—Ahora nos íbamos a comer algo ¿te apuntas Alicia? —dice Rocío frotándose la cara tratando de borrar ese bigote hasta dejarse una gran marca roja—. Definitivamente no sale.
—Por Dios, sí. Me muero de hambre.
Las tres nos dirigimos a una cafetería cercana donde trabaja mi amiga Luz. Al vernos entrar con estas pintas se empieza a reír. No nos hace preguntas ya que su jefe está cerca. Pedimos comida como para un regimiento y nos sentamos en la parte de atrás en una pequeña terraza a solas. Luz se une a nosotras en cuanto cierra el bar. Lo tenemos entero para nosotras.
—¿Por qué llevas eso en la cara Marina? —Luz me señala.
—No lo sé. Porque seguramente he perdido alguna estúpida apuesta que yo misma habré propiciado. —Pasa su dedo por lo dibujado y niega con la cabeza—. Por favor dime que se borrará o que me harás maravillas con el maquillaje. Mañana tengo una entrevista de curro y, o me lo quitas, o me planto pelo y voy como la mujer barbuda.
—¿Maquillaje? —Alicia la mira mientras engulle una hamburguesa de tres pisos.
—Sí, estudio —se queda callada sabiendo que todo lo que el título de sus estudios dice es casi incomprensible—estudio maquillaje entre otras cosas. En una academia muy profesional —al decirlo se quiere convencer de que el pastizal que está pagando servirá en un futuro.
—Y muy cara. —Luz y yo nos hemos conocido hace un par de meses en este mismo bar.
—Por eso por las noches curro en este antro de perversión que tiene unos burritos que Marina adora.
—A los que me has hecho adicta Luz. No sé qué les echáis pero es que me derrito con ellos.
—Tus palabras textuales fueron —se aclara un poco la voz—un orgasmo para mis papilas y para mi entrepierna.
—Bueno es que aquella noche no tuve ningún otro orgasmo y tuve que conformarme con el burrito.
—¿Tú que estudias Alicia? —Rocío pregunta mientras se come su ensalada.
—Medicina. Me quiero especializar en cirugía infantil. —El teléfono de Alicia comienza a sonar y podemos ver que manda al bar a su interlocutor.
—Chicas viene Natalia, una amiga mía que no conoce a nadie en la ciudad. La escritora que hará de este encuentro una novela de esas que tanto venden.
—Pues creo que somos como “El club de las cinco”. —Nos empezamos a reír todas—. Yo tampoco conozco a nadie en la ciudad excepto a Marina. —Luz me guiña un ojo.
—Pues creo que es un buen momento entonces para sacar champán del caro y brindar. —Rocío se empieza a desatar.
—Siento joderos pero aquí lo mejor que hay es sidra. —Hago una falsa mueca de tristeza.

***

Diez años después a veces a través de la distancia seguimos brindando con sidra para recordar cómo nos conocimos, de la manera más loca y extraña, que nos convirtió en una pequeña familia. Cinco chicas de diferentes puntos de España que llegamos a Madrid para sobrevivir y experimentar.
Diez años después vamos a hacer lo mismo en Londres, pero esta vez en vez de burritos y sidra, podremos brindar con sushi y sake.

Bienvenidas a Londres chicas



“Un amigo es el que a pesar de la distancia,
se acuerda de los momentos importantes que vivieron“.
Anónimo

Rocío

Dios mío. No me puedo creer que al final estemos aterrizando en Londres después de un viaje con muchísimos contratiempos. Hemos perdido el vuelo las tres a Londres porque Alicia ha perdido el suyo en Mallorca. Siempre tiene que liarla de alguna manera. Si no pierde el vuelo, le paran en aduanas y si no, cualquier locura de las suyas. Y siempre tengo que sacar a la Rocío mediadora para no arrancarnos los pelos.
—¡Que no me hables Ali que estoy segura de que si has llegado tarde es porque te has zumbado al ratoncito esta mañana! —Ali agacha la cabeza y se empieza a reír.
—¿Y qué quieres que haga Rocío? Si tenía al ratoncito toda la noche comiéndome. ¿Cómo voy a dejarle sin un buen desayuno?
—Eres un zorrón —se me oye desde el otro asiento.
—Lo que tenéis es envidia —nos saca la lengua mientras nos lo dice.
—Envidia ninguna. Estos días en Londres me voy a comer todo lo que pille a mano. Que seguro que Luz y Marina nos han preparado una buena ruta por las mejores discotecas.
Me imagino que la agenda de Marina estará repleta de cosas que hacer y de pases a los mejores locales nocturnos. Juntarnos todas para ir a verla ha sido un auténtico reto.
—Si el escupe fuegos le deja los días libres —despotrico del jefe sin conocerlo—. Hablé ayer con Marina y aún el muy capullo no se lo había confirmado. Lleva un año sin vacaciones y solo le ha pedido quince malditos días.
—Dios mío. Londres parece que se ha metido en ti —Alicia se burla de mí.
—Lo que necesito es respirar. Los últimos casos me han dejado destrozada. Necesitaba las vacaciones urgentemente. Tanto abogado, jueces, notarios y todo lo demás —resoplo— me estresan.
—Te encanta tu trabajo. —Natalia sigue leyendo algo que lleva entre manos y hace anotaciones con un boli rojo al margen.
—Me encanta destrozar a los maridos infieles. Sacarles hasta el último centavo.
—Disfrutas muchísimo Rocío. Pero eso se queda en España, estos días lo único que queremos es…
—¡Quemar Londres! —gritamos todas a la vez y medio avión se nos queda mirando fijamente.
—Dios, que estirados que son los ingleses, de verdad —no puedo evitar decirlo y creo que lo hago demasiado alto.
Mi nombre es Rocío y como habéis leído soy abogada. Conocí a Marina en el instituto y nos hicimos íntimas. Alicia es, simplemente Alicia. Es un peligro con patas cuando no está con su bata de cirujana operando en un quirófano. Natalia es escritora y hemos tenido que pedir audiencia casi para que saliese de ese agujero que tiene por piso para venir a Londres. Luz se ha instalado hace relativamente poco en Londres con Marina y en nuestro plan no hay cabos sueltos. Bueno, miento. Solamente uno. No sabemos si su jefe les ha dado las vacaciones.
Y así, sin tener seguro que puedan venir a Italia, aterrizamos en Londres para poder secuestrar a Marina y a Luz y llevárnoslas a un gran viaje. Todo si su maldito jefe nos da luz verde.



“Los amigos se convierten con frecuencia
en ladrones de nuestro tiempo”.
Platón

Marina

    Mientras las chicas están aterrizando en Londres Luz y yo seguimos trabajando en la última sesión del día. Mi maldito jefe, el escupe fuegos, el maldito dragón, se ha encargado de no hacerme saber si tengo los días libres. Encima es sábado y estamos trabajando las dos. De cojones.
Trabajo en una discográfica aquí en Londres, en Weymester Music, como ejecutiva en el departamento A&R[1] y promoción.
Mi jefe. ¿Qué puedo decir de mi jefe? Es directamente insoportable. Dentro de su trabajo es uno de los mejores pero como jefe es un capullo, engreído, arrogante y deliciosamente endiablado. Sabe que está muy bueno y lo utiliza cada día para conseguir que todos los departamentos estén a sus pies. Pelo canoso ligeramente ondulado, unos ojos azules que cambian a verde si les da el sol, y una sonrisa absoluta y completamente arrebatadora. De esas que son capaces de hacer que tus bragas salgan corriendo nada más mirarte.
—Baja de las nubes Mita.
—Que no me llames Mita. —Le pego un golpe en el brazo sin ni siquiera mirarle—. ¿Vienes a confirmarme mis días?
—No preciosa. No puedes tener esos días. —Me giro y le miro queriendo matarle y hasta Luz se da la vuelta oliendo el desastre. Luz se da rápidamente la vuelta y sigue maquillando a la cantante a la que le estamos haciendo la portada.
—Mira Daniel. Te juro que en dos minutos tienes mi carta de dimisión firmada encima de la mesa. No me puedes hacer esto. No te he pedido ni un puñetero día, he venido enferma, he ido a conciertos a lugares mugrosos, me he dejado las uñas poniendo pegatinas estúpidas en millones de discos para que me vengas tú con que no tengo esos días —elevo el tono de voz a cada frase que digo y le estoy dando con el dedo en el pecho a mi jefe.
—A ver, loca del demonio, solo tienes que ir mañana a un concierto a la noche. El Wireless Festival. —Le miro con ojos de loca de verdad. Nunca me ha dejado ir a ese festival.
—¿Qué me vas a pedir a cambio? Porque la noche de sexo ya te la pague hace años —escucho como Luz se ríe detrás de mí.
—Cinco entradas VIP. Solamente tienes que ir a ver a un grupo que quiero en la discográfica. Tendrás pases para el backstage. Haz magia de esa que hiciste conmigo y consíguelos.
—Imbécil.
—Sí pero en el fondo me quieres —dice pasando un brazo por mi hombro.
—Que no me toques. Que manía tienes con tocarme leches —me deshago de su brazo a manotazos.
—Si me quieres tocar a mí yo te dejo encantada. —Mira a Luz y al momento está mirando el set.
—¿Habéis terminado? —Nos mira de nuevo a las dos.
—Sí.
—Pues id al aeropuerto. Tenéis un coche esperándoos abajo. Vuestras amigas llegan en una hora y no querréis llegar tarde a por ellas. —Luz le quita de las manos los pases para el festival mientras yo me cruzo de brazos delante de él.
—¿Qué demonios estás tramando pequeño satanás? ¿Cinco pases? ¿Qué coño estás tramando?
—Nada. —Simplemente me mira con esa sonrisa impresionante y me voy de allí sin dejar de mirarle.
Mi jefe puede ser encantador pero un encantador de serpientes cuando quiere conseguir algo. Y ese, está tramando algo. Seguro como que me llamo Marina Castro.
Llegamos corriendo a la zona de llegadas en Heathrow y las tres locas de la colina están saliendo pegando gritos. Echamos a correr y comenzamos a pegar gritos más alto, saltos y a definitivamente, volvernos más locas si cabe. Todo el mundo nos mira pero nos da igual. Han sido casi dos años sin vernos todas juntas y esto se merece una buena cena.
Nos montamos en el coche hablando como cotorras. No paramos en ningún momento del trayecto. Llegamos a nuestro barrio y cuando el coche gira la esquina para llegar a nuestro loft las chicas ponen cara de ¿dónde demonios nos estás metiendo? Nos van a atracar. Pero cambian radicalmente sus caras en el momento que abrimos las grandes puertas correderas. Es un loft completamente reformado. Grandes espacios y decorado por Luz. Tiene un gusto exquisito.
—Madre mía Marina, Rocío le sacó todo su dinero a Manuel. —Nos reímos las cinco.
—Solamente lo que Marina se merecía por haber estado casada con ese cerdo. Engañarte con su secretaria. Es que es de manual de engaña mujeres. Fue muy fácil. —Rocío se mira las uñas de forma chulesca.
—Fuiste una arpía —digo sin mirarla.
—Como debe ser. —Luz y Alicia chocan las manos. Todas odian a Manuel.
—No vivís mal por aquí perracas. —Alicia se tira en plancha al sofá.
—No os apalanquéis que tenemos reserva en Roka a las nueve. —Miro el reloj—. Tenemos el tiempo justo para prepararnos y salir a quemar la noche londinense nenas.
Pongo “Bang Bang” de Jessie J, Ariana Grande y Nicky Minaj que se escucha por toda la casa mientras corremos para un lado y para otro peinándonos, maquillándonos e intercambiándonos la ropa. Robándonos el pinta labios, apartándonos del espejo para terminar de peinarnos y bailando mientras terminamos de vestirnos. Como siempre hacíamos cuando vivíamos en Madrid todas juntas antes de acabar cada una en una ciudad diferente. Nos hacemos fotos para colgarlas en Instagram a cada momento. Es la mejor manera que tenemos de estar en contacto y nos hemos vuelto adictas a la red social.
Una vez montadas en el taxi el mismo taxista se ríe con nosotras. Nos vamos retocando los labios, colocándonos bien las medias, subiendo alguna falda un poco más arriba del límite. Divirtiéndonos antes de que la ciudad despierte para nosotras.



“La amistad es como una caja de bombones,
nunca sabes a quien te va a tocar”.
Anónimo
Marina

—Ya podían sentarnos a cinco sementales delante de nosotras —escucho a Luz mientras nos terminamos de sentar.
—¿A qué hemos venido aquí? —Alicia y sus preguntas con doble sentido.
—A follar como locas y a comernos todo lo que nos dejen. —Rocío está completamente desatada.
—Dios mío, menudos cinco días nos esperan Marina. Acabaremos en comisaría. —Natalia habla pero está un poco ausente pendiente del móvil.
—Chicas os tengo que contar algo. —Me miran las cuatro y Luz resopla—. Mi estúpido jefe me hace trabajar mañana por la noche.
—Joder ¿cómo es capaz siempre de jodernos todas las vacaciones? Hace un año no pudiste venir porque te mando de gira con no sé quién. El otro viaje que tratamos de organizar te surgió en el último momento un viaje a un concierto en París.
—Tengo que ir a un festival pero —las miro y sé que están odiándole por dentro— es el Wireless Festival y tenemos pases VIP para todas. Además luego nos podremos meter en el backstage. Rockeros con poca ropa —puedo comprobar cómo les va cambiando la cara mientras estoy tratando de convencerlas. Se ponen a gritar y se nos escucha por todo el restaurante.
Comenzamos con unos chupitos de sake y al rato notamos que en frente se sientan algunas personas. Al girarme y escanear uno a uno a los chicos silbo fuertemente. Sus caras me suenan. Son amigos de algún conocido pero no caigo en este…
—Vamos, no me jodas. ¿Qué haces aquí? —las chicas me miran.
Al llegar al último tío mi nivel de mala leche llega a su límite. Joder. ¿Qué demonios hace mi jefe en frente de nosotras con sonrisa de triunfador?
—¿Qué demonios haces aquí Daniel? —Luz entre dientes dice escupe fuegos a las chicas.
—¿Ese es tu jefe? Joder, normal que pases tantas horas en la oficina. —Rocío está babeando por él.
—¿Es un delito que unos amigos queden para cenar el mejor sushi de la ciudad? —le miro indignada mientras habla.
—Bastante tengo con verte a diario en la oficina como para ahora aguantar que te metas en mi vida personal. Eres un capullo.
—Mita. Tengamos la cena en paz nena.
—Que no me llames ni Mita ni nena —escucho como el resto de la mesa se está riendo y miro fijamente a uno de los chicos que acompaña a mi jefe. Pelo muy cortito, ojos increíblemente azules y una sonrisa indescriptible. Fija sus ojos en los míos sin dejar de sonreír ni un solo momento—. ¿Qué problema tienes? —la borde que tengo en mi interior no se corta.
—Ninguno por ahora. Estás preciosa cuando te enfadas y arrugas levemente la nariz —se toca su nariz haciendo el gesto que se supone que yo misma estoy haciendo.
—Pasa de mi culo. —Me giro para sacar de mi bolso el móvil que está vibrando y corto la llamada sin mirar.
—Veremos cómo va la noche porque tu jefe está para comérselo entero y no dejar ni las miguitas. Ñam, ñam. Mami sale de caza esta noche. —Definitivamente Rocío se ha vuelto loca.
En la cena nos lo estamos pasando en grande. Sake, platos exquisitos y un chef que está totalmente a nuestra disposición. Reímos, lloramos de risa, y Luz comienza a hacer de las suyas con el chef. Está siendo una noche increíble.
Aprovecho que ya no podemos comer más y me voy al baño. Justo cuando salgo vuelve a vibrar mi móvil y al mirarlo me choco contra alguien. Al levantar la cabeza veo que es míster sonrisitas. Con esa misma sonrisa. Empezamos un baile a la derecha y a la izquierda, y así varias veces.
—Bueno. Ya está. —Pongo mis manos en sus brazos y le aparto para poder pasar—. Ya somos más listos. —Me giro para irme y le escucho.
—Es imposible pasar de ese culo tan impresionante nena.
Al darme la vuelta para contestarle está entrando en el baño de hombres tarareando una canción. Bien. Otro capullo en mi radar. Londres no deja de sorprenderme.
Al llegar a la mesa me encuentro a las chicas que ya han elegido postre para esta noche, hablando y sonriéndoles como quinceañeras al resto de los chicos. Me cruzo de brazos al verlas y de nuevo escucho a sonrisitas justo detrás de mí.
—Parece que ellas han elegido. Solo quedamos nosotros.
—Lo siento. Pero nunca me llevo las sobras de un restaurante. —Se le quita la sonrisa de la cara pero a los segundos vuelve.
—Ya sé porque Daniel te llama Mita —estira la palabra Mita y juro que me suena sexy viniendo de sus perfectos labios que hasta este momento no había mirado con detenimiento—. Eres pura dinamita y con la chispa correcta, haré que tu mecha explote.
—Lo que va a explotar es otra cosa. A mí no me vas a ganar con frases hechas. —Me aparto de él y voy hasta donde Alicia que ya ha debido olvidar a su ligue de las islas—. ¿Se puede saber que estáis haciendo?
—Pasárnoslo bien Marina. Disfruta de la noche —Alicia me agarra de la mano.
—Yo quiero disfrutar pero no con el capullo de mi jefe y sus amigos.
—Pues Evan es un encanto. —Ya se ha enamorado a primera vista.
—Y tu jefe es un auténtico bombonazo. Para no parar de…
—Rocío, en serio, no me apetece escuchar lo que le harías a ese dragón. De verdad, muy bueno por fuera, pero feo feo por dentro. Te lo puedo asegurar. —No quiero que mi jefe se la coma y la escupa como siempre hace con todas las chicas.
—Marina de verdad. Sé cuidarme solita —noto cierto resquemor en su forma de decírmelo.
—Rocío —me siento a su lado— tú me avisaste de lo que Manuel hacía a mis espaldas. No quiero que sufras por otro capullo.
—Lo sé Marina. Pero muchas veces me has hablado de él y no es tan malo como nos lo has pintado —resoplo al saber es verdad—.  Esos días en los que tú no estabas bien y te llevaba a comer, te acompañaba a casa —agacho la cabeza recordando aquellos días—. Estuvo a tu lado aquí en Londres —me agarra de la mano—. Te hizo más llevadero lo de Manuel. No me puedes decir que no.
—La verdad es que en aquel momento se portó genial —miro a mi jefe y ahí está con su preciosa sonrisa guiñándome un ojo—. Pero no te enamores a la primera de cambio de él. Que le conozco. Daniel es un hombre como todos los demás al fin y al cabo.
—Marina tranquila. Estaremos en la ciudad cinco días y cinco noches. ¿Crees que soy capaz de enamorarme en tan poco tiempo?
—Cinco días pueden cambiarte la vida. En uno solo puedes perder la cabeza por un hombre y hacer que tu mundo acabe patas arriba.
—Mejor será que acabé en la cama patas arriba. Mi mundo está muy bien ahora mismo como para joderlo —nos reímos las dos y vemos como las chicas están encantadas siendo el centro de atención de aquellos cinco palomos.
—En fin —niego con la cabeza— tenemos que irnos chicas. Os prometí cinco días con sus cinco noches de locura en Londres. Nuestra próxima parada estoy segura que os encantará. —Me levanto para recoger mi bolso de la silla en la que estaba sentada y míster sonrisitas molonas está sentado encima—.  Disculpa. ¿Puedes mover tu culo de mi bolso? —meto la mano sin pensármelo debajo de su culo y reconozco que está duro como una piedra.
—¿Te gusta lo que tocas? —se levanta poniéndose a mi lado, cerca, muy cerca. Dios el tío huele muy bien.
—He tocado culos mejores nene. —Me doy la vuelta y por unos segundos cierro los ojos y su olor se mete dentro de mí.
—Abre los ojos —escucho a Luz con su tono de burla—. Mira que están buenos estos amiguitos del escupe fuegos.
—Otra. ¿Os los habéis repartido cuando he ido al baño? —les hago un gesto con la cabeza y salimos del restaurante.
—Míster sonrisitas provocadoras ha sido el primero en elegir según nos hemos sentado. Está que cruje el tío. Date una alegría que se te va a apolillar de no usarlo. —Luz me da un golpe de cadera riéndose.
—Esto de vivir juntas te hace tener demasiada información. —Me abraza por la cintura.
—¿Dónde íbamos a estar mejor? —la miro sonriendo.
—En un cielo con hombres maravillosos.
—Ya lo estamos nena. Déjate llevar y olvídate de todo. Que te conozco y sé que estás pensando en esas tres llamadas de Manuel de ayer. —Salimos a la calle y aprovechamos para fumarnos un cigarro.
Manuel es mi ex marido. Sí, veintiocho años y divorciada, un gran currículum amoroso. Nos conocimos en Madrid. Fue un flechazo. Nos conocimos en un bar de la Plaza Mayor. Él pasó por mi lado tirándome un café por encima y se nos hizo de noche hablando. No nos separamos en los siguientes tres años. Un día en el Templo de Debod al anochecer, una tarde de verano, me lo pidió. Me pidió que nos casásemos. Y le dije que sí. Estaba enamorada. Completa y absolutamente enamorada y cegada por él. Moreno, pelo largo, ojos marrones verdosos y una labia impresionante. Eso es lo que me tenía cegada. Su forma de hablar y de camelarse a la gente.
Es arquitecto y justo después de la boda, pasó a centrarse en su carrera. Constantes viajes fuera de Madrid, extrañas llamadas a media noche, plantones en restaurantes en supuestas citas y noches sin dormir en casa. Las chicas nunca se habían fiado de él y Natalia, una noche en un bar de La Latina, descubrió todo. No llevábamos casados ni seis meses y me estaba engañando con su secretaría. Muy de libro, muy de manual de mujer cornuda de primer grado.
Me lo creí según me lo contó Natalia pero las chicas sacaron su lado más oscuro y no dudaron en coger vuelos para llegar a Madrid y hacerle caer en la más profunda de sus pesadillas. Alicia nos dio unos pequeños pasos de cómo cortársela para que sufriera. Natalia nos dio ideas de cómo hacerle desaparecer. Había estado trabajando y trabajándose a un policía y le dio muchas ideas para sus novelas. Luz me dio unas cuantas ideas para putearle mientras dormía y que ciertas partes de su cuerpo amanecieran cada día más asquerosas. Rocío, la más cabal de las cinco, nos calmó. Meditó durante unos segundos y su solución fue la que llevamos a cabo.
Dos meses. Tuve que aguantar dos meses de engaños para tener todas las pruebas necesarias para que Rocío fusilase en el juicio al gran arquitecto. Así fue. Ninguna de las cuatro se movió de mi pequeño apartamento mientras duró todo aquello. El juicio y las semanas siguientes fueron difíciles. Muy difíciles. Pero ellas fueron las que me animaron día a día a salir adelante. Gracias a su empujón y a la llamada de Daniel ofreciéndome un puesto en la discográfica, dejé ese pasado atrás.
Han pasado ya dos años de nuestro divorcio y justo esta semana he recibido varias llamadas de Manuel.
—Londres llamando a Marina. —Natalia chasquea sus dedos en mi cara—. ¿A dónde nos vamos? —vuelvo a la realidad y miro a la carretera.
He llamado a una empresa de coches y alquilado uno para nosotras. Bueno, un coche no exactamente. Un mini bus con todas las comodidades del mundo. Y cuando lo veo girar la esquina tan rosa, tan brillante, no puedo evitar descojonarme viva. Las chicas abren mucho los ojos y Luz lo señala. Ella ya lo sabía, lo que no le he dicho es que un unicornio con purpurina ha vomitado todo el rosa en el bus. Nos ponemos a dar pequeños gritos riéndonos.
—¿Para nosotras? —para el mini bus delante de nosotras y abre las puertas.
—Sí. Esta noche es todo nuestro. Así que vamos chicas. —Me monto la primera en el bus sin despedirme. Pasan unos segundos y ninguna sube.
—¿Nos vamos o esperamos a alguien? —me dice el conductor desde su asiento.
—Sí, tienen que subir las petardas de mis amigas que parece que se están despidiendo de sus novios que se van a la guerra. Por Dios. CHICAS —pego un grito pero ninguna aparece—.  Joder.
Me levanto y al asomarme por la puerta las veo hablando con ellos. Están a carcajada limpia y yo esperándolas en el bus. Me tranquilizo y amablemente les digo que tenemos reservada una parte del Mahiki, el karaoke situado en el Ciroc Pineapple Beachhouse. Una parte muy especial del local. Está pagada y si no llegamos en media hora, adiós reserva.
—Vamos chicas —me miran todas y lo veo en sus ojos—. No. —A la vez se ponen las cuatro delante de mí rogándome sin hablar—. No.
—Anda. —Rocío mete la cabeza mirando el mini bus por dentro—. Aquí hay sitio para veinte personas. Seguro que has pedido más alcohol de lo habitual. Diviértete.
—¿Con quién? Luz ha elegido al moreno de ojos verdes, Andrés. Nata a Ricardo, el moreno con ojos marrones —me llevo la mano a la boca y las sigo señalando—. Ali sin duda a Evan, esa sonrisa es increíble y tu Ro, a Daniel. ¿Me quedo con las sobras?
—¿Cómo demonios sabes sus nombres?
—Son amigos de Daniel. Ya les conocía —me miran todas queriendo matarme—. Bueno no a todos. Al sonrisitas no le había visto nunca.
—Te gusta, te gusta, te gusta —empiezan a meterse conmigo.
—¿A qué no les dejo entrar al bus? —bajo a la acera.
—Así que nos los llevamos de fiesta. Siiiiiii —gritan a la vez.
—Voy a llamar al Mahiki. No creo que haya problema de espacio en el reservado y que de paso pongan más bebida.
Veo cómo las chicas van agarrando a cada uno de ellos y subiéndolos al bus. No me puedo creer cómo nuestra noche de chicas se convierte en noche de citas.
Camino por la acera de espaldas al bus mientras hablo con el relaciones públicas del Mahiki y no me pone ninguna pega. Justo al colgar veo un mensaje. Manuel. Me tiene harta con sus mensajes y llamadas. Va a estar en Londres esta semana y quiere hablar conmigo. No me lo puedo creer. Después de todo lo que nos llamamos en el juicio, ¿tiene la cara de llamarme y tratar de quedar conmigo? Ni harta de Coca-Cola con Peta Zetas.
Al darme la vuelta e ir hacia las escaleras del bus, me encuentro a no sé ni cómo se llama, mirándome fijamente con esos preciosos ojos. Dios Marina que se te empieza a ver el plumero. Respira y camina. Firme, no te tropieces con los taconazos, no te… No termino de pensar y el tacón se mete en la junta de dos baldosas y acabo cayendo directa a los brazos de él.
—No esperaba que te lanzarás sobre mi tan rápido. Veo que esta colonia hace muy bien su trabajo —respiro suavemente y ahora su olor se mete más dentro aún.
—No te flipes sonrisitas —no me suelta y la verdad es que mis manos están tocando un cuerpo fibrado.
—¿Sabrás caminar?
—Hay cosas que nunca se olvidan. —Me suelta y me recoloco el vestido sonriendo.
—Como esa preciosa sonrisa. —Le vuelvo a mirar y me regala una enorme sonrisa.
—¿Nos vamos o qué? —sale Alicia con una botella de champán en la mano.
—Ya vamos. Ahora tenemos prisa. Que tías. —Sonrisitas pone su mano en la parte baja de mi espalda para hacerme pasar al mini bus.
—Hay cosas que nunca se olvidan —escucho de nuevo otra risa y niego con la cabeza subiendo.


sino la que evita que las derrames”.

     Marina

      Al subir al mini bus me encuentro el panorama. Las chicas hablando y riéndose abiertamente. Parece que se conocen desde hace años. El trayecto desde Roka hasta Mahiki no son más de dos kilómetros y medio pero el conductor simplemente no recuerda que en Davies Street hay obras en ambas direcciones. Nos quedamos atascados durante veinte minutos. Yo no hago más que mirar el móvil y todos parecen estar ya en su fiesta personal.
—¿Entonces eres cirujana? —Evan muestra esa sonrisa demoledora baja bragas.
—Sí. Soy cirujana infantil.
—Wow. Es increíble. Tiene que ser muy interesante tu trabajo. —Cuando Alicia habla de su trabajo se le iluminan los ojos.
—Es simplemente el mejor trabajo del mundo. Poder ayudar a todos esos niños, a que su vida sea mejor y más fácil, es simplemente genial —veo cómo pone su mano encima de la pierna de Evan casi sin darse cuenta. —¿Tú a qué te dedicas?
—Soy periodista. Bueno. Más bien soy un tío que viaja con la mochila por el planeta, buscando los rincones más desconocidos, para enseñarlos al mundo. —Oigo un suspiro de Ali. Otra de sus pasiones es viajar pero debido a su trabajo no lo hace tanto como quisiera.
—Eso suena muy interesante. ¿Qué me enseñarías para deslumbrarme?
—Acabó de llegar de Costa Rica. He descubierto un río de aguas celestes dentro del Parque Nacional Volcán Tenorio. Es el río Celeste. Tiene aguas termales y te puedes bañar allí. No suele haber mucha gente y es un lugar muy especial para disfrutar con una chica rubia y preciosa. —Joder, hasta yo quiero ser esa rubia.
—Dios mío. Quiero estar allí ahora mismo. Agua caliente, una cascada y disfrutar de las vistas, sin nada más en lo que pensar.
—Tú lo que quieres es meterte en pelotas en el agua —lo digo en castellano y Evan me mira.
—Notar esas aguas calientes en el cuerpo desnudo es uno de los mejores placeres. —Contesta en castellano mirándome y me quedo muerta—. Sí, hablo castellano gracias a mi abuela que es de Galicia.
—Esta maldita cabeza nunca lo recuerda Evan. Pero no voy a pedir perdón porque es en lo que está pensando Ali ahora mismo.
—Bruja —me saca la lengua y me pasa otra copa de champán tratando de deshacerse de mí.
—Cuéntame más de esos lugares a los que me llevarías. Imagínate que soy tu churri. —Continúan hablando y yo simplemente observo a todas mis amigas.
—Marina no podemos continuar. Un imbécil se nos ha puesto detrás y no hay manera de girar. —Me trata como si fuera mi mejor amigo.
—No sé quién es más imbécil —refunfuño levantándome para hablar con él—. ¿No hay manera de llegar al Mahiki?
—Andando —ni me mira.
—Claro, para ir andando a los sitios te he contratado. No te jode. —Resoplo varias veces y veo cómo Daniel me mira.
—¿Algún problema Mita?
—Lo mato —digo en bajo y le doy al botón para la apertura de la puerta—. Arreando que tenemos que ir andando. Algún lumbrera se ha olvidado de las obras y estamos atrapados aquí. Son diez minutos solamente. Nada que vuestros pies no aguanten.
Nos bajamos todos del autobús y Luz se adelanta para hablar conmigo.
—¿Qué pasa nena?
—Nada. —Andamos un par de calles en silencio hasta llegar al parque.
—Sé qué te pasa algo, justo cuando has subido al bus tu cara te delataba. ¿Más llamadas de Manuel?
—Peor. Unos cuántos mensajes. Va a estar en Londres y quiere verme. Lo que me faltaba. —Levanto los brazos en el aire.
—Ni se te ocurra quedar con ese idiota. —Alicia se une a nosotras junto con Rocío y Natalia.
—Al pasado no se le dan segundas oportunidades. No lo estarás pensando, ¿verdad? —me miran las cuatro.
—No. Pero me jode que siempre tenga que aparecer cuando las cosas van bien. Ese que seguro que quiere algo. Venderme otra moto sin frenos.
—¿Estás pensando en quedar con tu exmarido? —escucho la voz de mi jefe justo detrás de mí.
—¿Cuántas veces te tendré que decir que no te metas en conversaciones ajenas? —sin pensármelo le doy con el bolso en el brazo.
—Joder Mita. Mira que eres borde cuando quieres. Manuel es un cretino. Te lo dije aquella vez que le vi en la discográfica —cierro los ojos y noto la mirada de las chicas en mi cogote.
—Bocazas —le arreo otro bolsazo.
—¿Le has visto? —Rocío me mira enfadada.
—Apareció hace un tiempo y no sé cómo descubrió dónde trabajaba. Daniel se encargó de echarle de allí. Desde entonces no había vuelto a saber nada de él. —Comienzan a caminar las cuatro por el parque—. ¿Ves la que has liado? —voy a darle con el bolso y me lo quita.
—Joder con el bolso. ¿Qué coño llevas?
—Ladrillos tenía que haber metido. —Me paso la mano por el pelo y continúo andando sin mi bolso.
—Daniel ¿es así todos los días? —escucho a sonrisitas.
—No. Puedo ser mucho peor —me doy la vuelta señalándoles.—Así que no me toquéis las palmas que Daniel me conoce. Y Andrés también. —Veo como Luz se da la vuelta—. Concierto de Jamie Cullum, hace un par de años, se coló en el backstage y le eché de allí.
—¿Fuiste tú? No te había reconocido. La bruja de ojos azules que me echó de un concierto que organizaba mi amigo.
—No tenías pase. ¿Qué coño sabía yo? Te vi con una cámara y pensé que eras de la prensa sensacionalista. Daniel me dijo no dejes pasar a nadie —imito su voz grave—. Y te eché.
—¿Fue a él? Ya entiendo cuando me dijiste lo del tío bueno que echaste y no lo que le hubieras echado —se ríe y Andrés la mira entrecerrando los ojos.
—Y no le lleves la contraria a lo que te pida nunca. En mi restaurante me hizo cambiarle un plato porque le había echado avellanas a la salsa —Ricardo se une a los reproches.
—Coño porque se lo dije a tu camarera. Muy rubia, muy bien puestas las tetas de silicona, pero no es capaz de apuntar que soy alérgica. ¿Querías verme en el hospital?
—¿Así que cocinero? Como me gusta un hombre detrás de los fogones —Natalia se cuelga de su brazo.
Entre bolsazos, risas y anécdotas llegamos al Mahiki. Me adelanto para darles nuestros nombres al portero pero me callo los de ellos. A ver aquí los señores importantes cómo se las apañan para entrar.
—Vamos. El karaoke nos espera. —Pasan por delante de mí las chicas y entramos justo antes de que les corten la entrada a ellos.
—¿Nombres? —les mira el portero y nosotras nos quedamos paradas detrás de la entrada.
—Daniel Andrews. —El portero niega con la cabeza—. Soy el CEO de…
—Me da igual. Como si es el mismísimo CEO del mundo. Si no está en la lista, no entra —veo cómo el resto se ríen.
—Marina, no seas mala.
—Venga que un poquito de realidad le viene bien. Verás como está ahora menos subidito Rocío. Solamente te lo estoy amansando. —Rocío me da en el culo—. Vale —me acercó al portero—. Vienen con nosotras —le guiñó un ojo y me sonríe.
—De acuerdo preciosa. Pero si te dan problemas me llamas y los sacamos.
—Eso está hecho Michael. —Pongo la mano en su brazo y le sonrío.
—Pasad una buena noche.
Entramos todos y bajamos las escaleras que nos llevan a nuestro reservado.
—¿Conoces a todos los porteros? —escucho a Evan detrás de mí.
—No pero si observas bien, en el bolsillo trasero tenía una tarjeta del Mahiki, con su nombre.  Si le agradeces a alguien algo por su nombre, pensará que le conoces y tendrá que ser amable —le guiño el ojo.
—Chica lista —dice Daniel—. Lista pero mala de cojones. ¿Nos ibas a dejar fuera?
—A ellos no, pero a ti me lo he pensado. —Claudico y acabo sonriéndole. No puedo estar mucho tiempo enfadada con él.
—Ya sabía cuando te contraté que darías mucho más de lo que vi aquel día. Sabes echarle morro a las cosas, a la vida y has conseguido mucho. —Aquí está mi jefe el bueno—. Prometo que después del concierto de mañana tus tres semanas de vacaciones estarán libres de mi presencia —le miro fijamente y ladeo la cabeza.
—¿T… tr… tres semanas? —me atraganto con mi propia saliva y mis palabras.
—Sí Mita. Te las has ganado. Tal vez tus amigas encuentren algún aliciente extra a parte de ti, para alarga su estancia aquí —y aquí está, su sonrisa de voy a conseguir lo que quiero, y en este caso es Rocío sin ninguna duda.
—Daniel, solo te voy a decir una cosa. ¿Recuerdas lo que le hice a aquel niñato en la Koko que me toco el culo? —abre mucho los ojos poniendo cara de dolor al recordarlo.
—Veo que es peor lo que me espera si trato mal a Rocío. ¿Me equivoco? —niego con la cabeza—. Prometido. Solo déjame ser yo. La mejor versión de mí que tú conoces —pone su brazo sobre mi hombro y me pega a él.
—Eres capaz de ser un capullo muy encantador. Deja el capullo fuera y sé el encantador que conozco. Aunque nunca jamás me lo oirás repetir machote. —Quito su brazo de mi hombro y me voy con las chicas.
—¿Qué te estaba diciendo el guapo de tu jefe? —Rocío está babeando por él.
—Pues después de mañana, del pedazo de concierto al que vamos a ir —me tiro al sofá donde están sentadas—tengo tres semanas de vacaciones—me miran todas sonriendo.
—Eso significa que…
—¿Hay un pequeño hueco para mí en esa fabulosa casa de Cerdeña?—Natalia salta del sofá.
—¿Hueco? Ali se ha vuelto loca y ha alquilado una mega mansión a orillas de la playa con capacidad para doce personas y solo íbamos cuatro. 
—Qué bien. —Se tiran las cuatro encima de mí.
Realmente ahora empieza la noche. Nuestro propio camarero, nuestros cócteles con humo, pajitas y mucho alcohol dentro de ellos. La música suena y estamos solo nosotras. Bueno, cuando digo nosotras es Rocío hablando con Daniel, Natalia poniéndole ojitos a Ricardo, Alicia comiéndose a Evan y Luz, Andrés, míster sonrisitas y yo charlando en la otra esquina.
Sabía desde un principio que a Luz le iba a gustar Andrés. Moreno, alto, fuerte, con unos preciosos ojos verdes y una sonrisa de infarto. Siendo sincera, a ninguno de los cinco les faltaba ese tipo de sonrisa que hace que cualquier mujer ponga los ojos bizcos. Básicas. Las mujeres podemos llegar a ser muy básicas pero nunca jamás lo reconocemos. Nos hacemos las duras. Siempre.
—He estado durante varios meses haciendo un reportaje fotográfico en África —veo cómo mira a su amigo—. Primero estuve en Bamako. Durante todo el conflicto armado y bueno —se calla, traga saliva y se pasa la mano por el pelo—después de ver aquel horror, todo lo que sucedió allí—Luz pone su mano sobre la de Andrés—. Los niños, el horror que deja una guerra, fue demasiado.
—No me puedo imaginar todo lo que viste allí. —Luz está realmente interesada en esta conversación.
—Al mes de estar allí Jamie me llamó —mira a su amigo. Ya he descubierto su nombre. Jamie—. Se dirigía a Diabaly para comenzar con la reconstrucción del poblado.
—La verdad es que necesitaba salir de Londres —Jamie me mira—. Hay veces que es necesario deshacerse de todo lo que tenemos, de las comodidades y ayudar realmente a quien lo necesita. Allí hay demasiado que hacer. Gracias a los años en el estudio de arquitectura y mi experiencia —genial otro arquitecto— supe que era el momento de ayudar. De dar más de mí.
—¿Arquitecto? —veo a Luz mirarme y hacer un gesto con la boca y suspiro.
—¿Pudiste ayudarles? ¿Hacer algo más que todo lo que aparece en la prensa y en las noticias? ¿O solamente era una manera de mejorar tu currículum? —suelto todo lo que se me pasa por la cabeza.
—Reconstruimos la parte del orfanato y pudimos hacer bombas potabilizadoras. Ayudándoles a aprovechar sus propios recursos. Lo poco que les dejaron tras la guerra —me está impresionando la verdad.
—¿Y ya está?
—No. Estuvimos allí un año. Fue muy duro volver y saber que podían morir antes de que vuelva de nuevo. Dentro de cuatro semanas vuelvo allí. A continuar con el trabajo. Necesitamos más financiación, más ayuda. No llega todo lo que se dice en las noticias —se levanta del sofá—. ¿Otra copa? —me mira con esa sonrisa.
—Sí —me levanto acercándonos a la barra—. ¿Qué es lo que vas a hacer ahora cuando vuelvas? —me apoyo en la barra mirándole.
—Queremos continuar con la reconstrucción del hospital. He conseguido muchas donaciones de amigos que trabajan en hospitales, farmacéuticas, grandes cirujanos y bueno —deja de hablar y sonríe tímidamente tocándose la nuca— hacer un mundo mejor para esas personas que lo han perdido todo. —El camarero nos da las copas y al volver al sofá cojo mi paquete de tabaco para salir a un pequeño jardín.
—Ahora vengo. —Justo voy a salir fuera pero Jamie me acompaña —. ¿Fumas?
—No pero dentro me parece que hay cuatro fiestas privadas. —Miramos los dos por la cristalera.
—Madre mía. Estas amigas mías tan enamoradizas.
De repente vemos como Alicia y Evan salen al jardín sin darse cuenta de que estamos nosotros dos allí, tonteando, agarrándose de la mano y susurrando pegados a una pared. Las manos de Alicia recorren los brazos de Evan.
—Eres preciosa —la mano de Evan recorre dulcemente la cara de Alicia y ella cierra los ojos ante su caricia.
—No me hagas esto, porque no creo que pueda controlarme más —veo como Evan sonríe y a Alicia se le ilumina la cara.
—No seas mala conmigo. —Evan se acerca lentamente a la boca de Alicia y a pocos centímetros para—. No quiero más juegos. Estoy harto de chicas que no ven más allá. Solo quiero que me conozcas pero de verdad. —Dios mío, hasta yo misma le besaría.
—Yo no juego. Siempre apuesto todo y eso me lleva a tener problemas luego. —Se acerca más a su boca—. Solo estaré cinco días en Londres Evan.
—Pues hagamos que esos cinco días merezcan la pena.
Se funden en un beso, un beso dulce y tierno, que en unos segundos pasa a ser salvaje y pasional. Tiro el cigarro al cenicero casi sin darle una calada y agarro a Jamie de la mano para dejarles allí con su pequeño y pasional beso.
—Vamos —tiro un poco más de la cuenta de su brazo y nos tropezamos con la escalera de la entrada cayéndonos encima del sofá.
—Perdón. —Jamie está encima de mí, con el peso de su cuerpo y su cara sobre la mía. Huele muy bien. Cierro los ojos y abro un poco la boca para poder respirar—. ¿Estás boqueando?
—¿Me estás llamando pez? —pongo mis manos sobre su pecho para quitármelo de encima. Está como una maldita piedra—.  Porque si fuese un pez, sería una piraña.
—Preciosas pero peligrosas. —Pone cada brazo a ambos lados de mi cuerpo y se levanta haciendo una perfecta flexión.
—Ya. —Me levanto estirándome el vestido y veo a Rocío y Luz meándose de la risa por mi cara sofocada.
—Vamos a por otra copa Marina. Que te noto un poco sofocada por tener el cuerpo de ese tiarrón encima de ti —me agarran de las manos.
—Para sofoco el que tiene Ali ahí fuera —señalo el jardín y las dos se lanzan contra la cristalera.
—Madre mía Ali, se está comiendo el postre sin invitar.
—Vamos a ver chicas, hemos venido a divertirnos ¿sí o no? —las tres nos echamos a reír cuando escuchamos la voz de Natalia por los altavoces. Miramos riéndonos y Rocío contesta.
—Sí.
—No os oigo —se pone una mano en la oreja, nos miramos las tres y gritamos a la vez.
—SIIIIIIIIII.
Acto seguido estamos las cuatro toqueteando la máquina del karaoke tratando de ponernos de acuerdo en que canción elegir. Después de pasar muchas pantallas la encontramos. Nuestra canción. Nuestro lema de vida. Una canción con la que todas nos despertamos cada mañana. La tenemos puesta en el despertador del móvil desde que la escuchamos.
Nos miramos sonriendo y cuando empiezan a sonar las primeras notas de “Vivir la Vida” de Marc Anthony, las palmas y los pasos de salsa llenan el escenario. Alicia entra corriendo nada más escucharla y vemos a Evan sonriendo llevándose la mano a la cara cuando entra de nuevo en la sala.
Voy a reír, voy a gozar. Vivir mi vida lalalalá. A veces llega la lluvia para limpiar las heridas.
Cada una canta una parte, sonriendo, bailando y sobre todo disfrutando de ese pequeño momento las cinco de nuevo juntas. Nos miramos, nos agarramos de la mano, bailamos y sonreímos. En un karaoke siempre hemos tenido buenos momentos. Gallos, gritos y varios pasos de baile después, los chicos nos están aplaudiendo.
—¿Todo lo haces tan bien? —Daniel agarra de la mano a Rocío para ayudarla a bajar del pequeño escenario.
—Soy muy buena en muchas cosas —veo cómo Rocío le regala a Daniel esa sonrisa suya, tan auténtica, tan sincera.
—Otra que ha caído —digo en voz baja y Luz sonríe.
®Cinco días para enamorarse 
©Marta Lobo

Primera edición: Vitoria, 8 de febrero de 2016
Diseño de portada y contraportada: Marta Lobo

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ISBN: 1505498597

ISBN-13: 978-1505498592



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