LA PÁGINA 99

by - 19:23


¿Cuántas veces nos hemos decidido por un libro por su portada llamativa o por una sinopsis atractiva?
¿Cuántas veces has acertado? 
No todas las que nos gustaría. 
¿Y si te diera el truco –supuestamente infalible– para que tus elecciones sean 100% satisfactorias?

No, esto no es un anuncio de objetos vibradores placenteros o los "10 trucos para no elegir a trolls en apps de ligoteo"


Hace unos años leí en un post en internet –algo sobre un test en el que abrías un libro por una página determinada y así descubrías si la historia era buena o no. 
La prueba de la página 99 es un método para evaluar una obra de ficción sugerida por el crítico literario Ford Madox. Ford sugirió leer la página 99 para tener una idea de lo bien escrito que está el trabajo, evitando al mismo tiempo cualquier sinopsis de la contraportada o las primeras páginas, ya que generalmente se les presta atención adicional durante la edición y pueden no reflejar calidad del libro en su conjunto. 
(Fuente: Wikipedia)

Ford (escritor y editor inglés) decía que «La calidad del todo» estaba en la página 99; recomendaba abrir un libro por dIcha página para saber si merecía la pena la lectura completa de la novela. 
El principio no es necesariamente el mejor punto en el que empezar. 
Se supone que la página 99 es más o menos el tercio de una novela –eso debe ser para novelas de otros autores, porque en las mías casi no ha empezado ni la presentación de todos los personajes–. Los personajes ya están definidos, el lector se ha encontrado con alguna pista de la historia, pero aún no se puede comer ningún spoiler que reviente ese final de novela. 
Hoy en día con todos los libros digitales es sencillo realizar este test.

Y yo me he preguntado, ¿mis libros pasarían dicho test?

Así que, sin enrollarme mucho más, os dejo la página 99 de cada una de mis novelas para que:
1.    Si no las habéis leído, os entren ganas de hacerlo. 
2.    Si ya las habéis leído, que os recuerden la historia que os hizo enamoraros de Lucía y Hans, de Marina y Jamie, de Adriana y Enol, de Mariola y Alex, y de Vika y Ailean. 




(…) —Su sobrina no le ha hecho justicia. —Hans le dio un dulce beso en la mejilla.
—Trátame de tú que no soy tan vieja. Y mi sobrina no te ha mencionado en ningún momento. —Le miró a él varias veces de arriba abajo y sonrió—. No sé por qué no lo ha hecho, porque de ti se puede presumir, no como Joaquín el de la Espe. No veas cómo se ha puesto. Parece un tonel y la mujer que se ha echado la habrá sacado de algún baratillo porque… Madre mía qué espanto. —Se agarró al brazo de Hans. 
—Cómo echo de menos los cotilleos de pueblo. Que sí el Joaquín, la Espe, el Fernando. Ay Fernando. Tanto monta, monta tanto. —Me reí sola.
—Lucía, ¿te parece correcto hablar de un ex polvo delante de tu nuevo novio? —Me miró sonriendo.
Pablo murmuro algo que no pudimos escuchar sobre Fernando mientras sacaba las cosas del coche y Hans le ayudaba.
—¿Qué hacéis aquí, cariño? —Me agarró de la cara.
—Hacía mucho que no veníamos y hemos cuadrado fechas para darte una sorpresa. 
—No te creo. —Me miró fijamente a los ojos y sabía que estaba mintiendo. 
—Llevo muchos años perdiéndome las fiestas del pueblo. ¿Sabes las ganas que tengo de bailar un pasodoble en condiciones con Fermín? —sonreí. 
—Bueno, iremos viendo tus intenciones. Porque sí es por mi enfermedad no quiero que deshagas tu vida por estar aquí. 
—Lo que tú digas, hermosura. —Besé a mi tía y entramos en casa. 
La casa no era excesivamente grande, pero todo seguía teniendo la esencia misma esencia de aquellos veranos que pasábamos en casa con ella. Nosotros nos criamos en Deba, Guipúzcoa, pero aquella casa era de mi padre y de la tía Anita. 
—Pues había quedado con Hernando para cenar. Le aviso de que vamos todos. Verás qué sorpresa se lleva. —Sonrió al mencionar su nombre.
—Después de tantos años sigue haciendo sonreír. —Le acaricié la cara.
—Ya no tengo cuerpo para nada, pero su amistad es lo que me da fuerzas día a día. Y sobre todo vosotros, veros felices como una pequeña familia. ¿Qué tal Pablo? —Las dos les observamos y estaban bromeando con las maletas y el peso de la mía.
—Estoy haciendo todo lo posible por que sea feliz. —Volví a mirar a Pablo. (…)


(…) —Yo estaré contigo siempre para cuidarte —Hannah se abrazó a Lucía—, Lu. Siempre. 
Lucía me miró y comenzó a llorar abrazada a Hannah.
Me quedé observándolas y no había mucha diferencia entre ellas. Tal vez los años las diferenciaban, pero la vida las había golpeado desde muy pequeñas de la misma manera y sabía que Lucía no dejaría que la pequeña sufriera. 
Hannah se levantó llorando y se alejó lentamente de nosotros y se sentó a dos o tres metros en el suelo. Me fui a levantar para ir donde ella, pero Lucía me agarró del brazo.
—Déjala un momento sola. Necesita soltar la rabia, ira y dolor que lleva dentro. —Pasé mi brazo por la cintura de Lucía pegándola a mí.
—No sé si eso es lo que necesita.
—Hans, lo que ella ahora mismo necesita es tratar de soltar lo que lleva dentro. Gritar, llorar y patalear. No tiene más que seis años, es demasiado pequeña para haberlo perdido todo y para comprender lo que le está pasando. 
—Os quiero, papis, aunque ya no estéis aquí conmigo. 
—Es una mierda. 
—Es una gran putada. 
Lucía me agarró de la mano y nos mantuvimos en silencio varios minutos. De repente vimos que Hannah se levantaba del suelo y volvió a nosotros limpiándose las lágrimas de la cara.
—¿Puedo comer uno? —Hannah señaló la bandeja—. Hans, ¿podemos ir a ver una película? —Se sentó encima de Lucía. 
—Claro que sí, cariño, ¿qué quieres ver? 
—“La Bella y la Bestia”. Siempre la vemos antes de ir al hospital. Sé que mañana tengo que ir. 
—Por supuesto. Ve a la sala a buscar la película mientras Lucía y yo recogemos esto. 
Hannah se quedó callada sin moverse de los brazos de Lucía durante unos segundos y ninguno de los dos sabíamos qué hacer en aquel momento. 
—¿Estás bien cariño? ¿Quieres hablar con la doctora?
—No, no me gusta. Me habla como si tuviera dos años. —Lucía sonrió—. Vosotros no me tratáis como si fuera tonta. Tengo seis años, pero llevo mucho tiempo entre hospitales. Mis padres me hablaron de la muerte cuando los abuelos se fueron. ¿Qué va a pasar conmigo? (…)


(…) El perro y yo nos damos la vuelta sorprendidos mirando a Jamie.
—Coño, que susto. Hasta él se ha asustado —señalo al perro que se mete entre mis piernas—. Jamie, le has perdido —acaricio al perro.
—Al perro o a mi hermano.
—A los dos. Uno le está prometiendo el fin del mundo a Ali y esta bolita se vendrá conmigo a casa —le guiño un ojo.
—Lo del perro no me extrañaría, pero ¿lo de mi hermano? No ha tenido ninguna novia. No ha querido ir con nadie en sus viajes. Ni ha dejado a nuestra madre ir y eso que ella se ha criado pegada a una mochila. 
—El amor, o lo que sea que es eso, te hace cometer cosas que nunca hubieras imaginado. Es lo que tiene el amor: es una mezcla de deseo, pasión, estupidez y una pizca de insensatez. Hay veces que funciona y te hace emprender algo que te hace vibrar. Y estos dos van a hacer vibrar los cimientos del fin del mundo. 
—Tienes una extraña forma de ver el amor. ¿Estupidez e insensatez? —Empieza a reírse.
—Mucho de ambas cosas. Pero en definitiva es lo que hace que la vida merezca la pena. 
—¿Amor en dos días?
—Y amor en dos segundos. ¿Nunca has tenido un flechazo? De eso que dices, Dios, si es que me tiemblan las piernas como si las tuviera de gelatina —le miro de reojo—. Eso pasa y te aseguro que es increíble cómo te cambia. Cómo haces cosas que juraste y perjuraste no hacer. Te hace colarte en casas ajenas por una amiga.
—¿Solo por una amiga? 
—El tiempo dirá, si es deseo, pasión o solo un poco de estupidez. —Miramos dentro y están los dos locos insensatos comiéndose a besos. 
—Creo que se acabó el espectáculo infantil y pasaremos a dos rombos. —Nos levantamos del suelo. 
—Qué tarde es —miro mi reloj y son cerca de las tres de la mañana—. El Jägger es capaz de hacerme perder la noción del tiempo. ¿Es lunes no? —Jamie afirma mientras entramos por otra parte a la casa—. Tengo que ir a la escuela en unas horas. Será mejor que me coja un taxi para volver a casa. 
—Te quedas aquí y yo me encargo de llevarte a la escuela. No voy a dejar que te vayas a estas horas. Necesitas descansar un poco —tira de mi mano—. Tendrás que dormir en mi cama. La otra es la de invitados y estará ocupada ya. 
—¿Proposición indecente?
—Cuando te haga una proposición será de todo menos indecente. —Me lleva hasta su habitación, nos tumbamos en la cama y comienzo a bostezar. (…)



(…) —Seguro que sus padres ni lo saben. No es muy buena influencia ese repetidor en la vida de Dani. Ni ese repetidor ni esas amigas que se supone que tiene. Sé lo que es pasar por algo así y no quiero que ella lo sufra. —Mi padre me mira pensando que pasé por algo similar en el colegio—. Me niego que un niñato trate de joderle la vida a Dani. 
—Creo que yo hubiese hecho algo más que reventarle la moto. Aunque ahora tendré que lidiar con el padre de Lolo. Viene ahora mismo a casa. 
—Déjamelo a mí. —Escuchamos el timbre. 
—No, Adri —Enol me para ya que estoy yendo a abrir la puerta—. Parece que es igual de imbécil que el padre. 
—No pienso irme de aquí. Yo apechugo con lo de la moto, pero que no se le ocurra decir una sola palabra de Dani porque la tenemos. —Enol se me queda mirando fijamente y sonríe. 
—¿Quién me lo iba a decir?
—¿El qué? —Niega con la cabeza y no dice nada más. 
Cuando conozco al padre de Lolo es como ver al niñato con treinta años más. Va con su camisa con el caballo ese en la pechera, unos chinos marrones y unos náuticos azules. Lleva el pelo tan engominado que seguro que si le tiro algo se queda clavado. 
—¿Quién ha sido la loca que le ha reventado la moto a mi hijo? —No dejo que Enol hable.
—Presente. —Levanto la mano sin dudarlo. 
—¿Estás bajo algún tratamiento? ¿O estás con tus días?
Comienza a temblarme la pierna derecha. Es justo el efecto que me producen las situaciones que me están a punto de desbordar. Enol, que me conoce demasiado bien, me pone una mano en el hombro, de la que me deshago en un solo segundo.
—A ver, pijo venido a menos, como vuelvas a hacer alguna insinuación tan machista, hago lo mismo con tu coche. 
—Agarra a tu chica, Enol, que parece una salvaje con la regla. Tómate una pastillita, guapa.
—Salvaje tu pu…
Enol no me deja terminar de decir la frase que sale de mi boca. Probablemente es porque ya estoy saltando para tirarme al cuello del pijo. Me lleva en volandas hasta el jardín y cuando me suelta me tapa la boca con las manos. (…)



(…) me estaban matando y me senté en el bordillo de la acera hasta que pasase un taxi que me llevase a casa. Empecéa darle vueltas a lo de la mujer de Alex. No me lo negó. Asíque lo tomécomo una afirmación. Vaya mierda. 
¿Dónde estarán los puñeteros taxis cuando se necesitan?
—Me he tomado la libertad de llamar a Caleb, es un conductor de mi empresa. He supuesto que iba a ser muy difícil encontrar un taxi en esta zona a estas horas.
—Alex, me has asustado. —Se me había paralizado el corazón, ya que mi mente estaba demasiado lejos de allí. 
—Es lo último que quiero. Es más seguro que te lleve Caleb hasta casa. Me quedarémás tranquilo, si no te importa. —Se agachó a mi lado. 
—Tengo un dolor de pies infernal, el dolor de cabeza me está empezando a matar y solo quiero llegar a mi casa. Necesito estar bien en menos de cuatro horas. —No podía parar mi verborrea—. Y eso es muchísimo trabajo ahora mismo.
—Estás preciosa. No es ningún trabajo. —Me acarició la cara—. Ahí estáel coche.
—Gracias. —Me dio la mano para ayudarme a levantarme, y como un caballero, abrió la puerta del coche para que me montase.
—Caleb lleva a la señorita a su casa. Cerciórate de que entra en el portal y llega bien a su piso.
—Sí, señor.
—Muchísimas gracias, Alex. —Aún no había cerrado la puerta del coche—. Tu mujer estaráencantada contigo, eres todo un caballero. —Se agachóy me susurróal oído.
—Estaría encantada, pero tú también has hecho conjeturas demasiado rápido. No hay señora McArddle… por ahora. 
Sus labios se pegaron a mi mejilla y me quedécon cara de idiota. Pude ver una enorme sonrisa al otro lado de la ventanilla cuando cerró la puerta. Yo había empezado el juego y él se tomóla revancha. Bien jugado, señor trajeado, muy bien jugado.
Llegamos a casa y Caleb se acercópara abrirme la puerta. Me (…)


(…) Metió sus manos por mi espalda y mis piernas y me llevó hasta la cama. 
—No te vayas. —Le agarré de la mano—. No te prometo sexo duro y salvaje esta noche, pero mañana te puedo preparar el desayuno. 
Se tumbó a mi lado y me miró fijamente. 
—Vale, mañana te invito al mejor desayuno de la ciudad. Los mejores bagels en Black Seed Bagels. Tienen uno de ricota, manzana y miel que te mueres de lo bueno que está. —Entrecerré los ojos y los saboreé. 
—Será mejor que te quites la ropa para dormir.
No pretendía moverme para desvestirme, así que Ryan comenzó a desnudarme, pero estaba tan cansada que no reaccioné a ninguno de sus roces. Ni siquiera reaccioné cuando se desnudó delante de mí y se metió en la cama a mi lado. 
—Sí, necesito unas vacaciones. Que se me desnude un hombre así delante de mí y mi cuerpo ni reaccione… —me apoyé en el pecho de Ryan.
—Eres divertida. —Comenzó a acariciarme la espalda—. ¿No tienes malos días?
—¿De esos en los que piensas que el mundo es un infierno y crees que no puede ir a peor? —Me mordí el labio y apoyé la barbilla en su pecho y sonreí—. ¿Para qué? Mira, mi abuela que tanto nos enseñó siempre decía: si un problema tiene solución, ¿para qué preocuparte? Si no la tiene, ¿para qué preocuparte? Los neoyorkinos os pasáis la vida preocupados por el trabajo, por el dinero y por tantas cosas… que no disfrutáis de la vida. 
—Hay veces que es complicado disfrutar de la vida, sobre todo si tienes un trabajo como el mío. Ves el horror y lo vives de primera mano. 
—¿Qué hace un ex SEAL en Inteligencia en Nueva York? 
—Después de muchas misiones fuera de casa, necesitaba volver y recuperar el tiempo con mis hermanos. —Respiró profundamente y se quedó unos segundos en silencio—. Mi padre murió hace seis años en un incendio y mi madre… —Cerró los ojos—. Mi madre falleció hace medio año. (…)


(…) comenzaron a jugar en mi cadera, subiendo por mi espalda, aprovechando mi despiste para tumbarme en la cama y poniéndose él encima. 
—Nadie te quiere como lo hago yo. —Parafraseó la canción y me hizo sonreír. 
Sé que hay otros que te merecen, pero, querida mía, todavía estoy enamorado de ti.
Busqué desesperada su boca, quería saborearle y no dejar de hacerlo en días. Podría haber besado a cien hombres, haberme acostado con mil, pero Alex era el único que conseguía que me recorriesen aquellos maravillosos escalofríos por el cuerpo con solo mirarme. 
—¿Cómo consigues que me enamore cada vez más de ti? Eres la única mujer que ha sido capaz de volverme tan loco como para cruzar un océano para buscarla, sin saber si la iba a encontrar o si estaría esperándome. 
—Mi corazón no ha dejado de esperarte nunca, Alex. Lleva años esperando conocerte y enamorarse de ti. No creo que… Estoy segura de que nunca antes había querido como te quiero a ti. Todos mis caminos me han terminado llevando a tu lado. —Le acaricié la cara—. Te quiero, Alex. Pase lo que pase. 
—No pasará nada, Mariola. Nada nos volverá a separar nunca más. Para siempre. 

Nunca creí en los finales felices dada mi experiencia. Siempre pensé que eran para los demás y no estaba preparado para conocer lo que era el amor antes de Mariola. Mi vida era A.M y P.M, ante Mariola y post Mariola. 
—Para siempre. 
Repitió mis palabras con una gran sonrisa y nuestros cuerpos se entrelazaron para dar paso a una noche de pasión, caricias, besos y confidencias bajo las estrellas del cielo de Marbella. 

Mariola acariciaba mi pecho con la yema de sus dedos y notaba su sonrisa pegada a mi cara. (…)

(…) Vika nunca se queda callada, pero parece que el alcohol le suelta aún más la lengua. Sus ojos brillan y se ven más verdes aún. Están tan llenos de vida, de ilusión y de esperanza, que por primera vez desde que la conozco, me saca una sonrisa y me permito mostrársela. 
—No comprendo cómo puedes hablar tan bien del amor, si tan mal parece que te ha tratado. —Levanto la mano que me queda libre y la pongo sobre su hombro. Siento una chispa que me hace apartar la mano unos segundos. Vika parece darse cuenta. 
—La vida puede sorprenderte, Ailean. —Se levanta y se acerca a mi cara. No me aparto, ni siquiera me muevo. Sus labios se posan sobre mi mejilla y la electricidad vuelve a recorrerme todo el cuerpo haciéndome temblar—. Deja que lo haga. 
—¡Vika! 
Escuchamos un grito que viene de la fiesta. Grant está llamando a su hermana y haciéndole gestos para que se acerque a él, mientras agita una botella en la mano. 
—Las costumbres de mi familia me reclaman. —No aparta sus labios de mi cara—. Anímate y ven con nosotros. No somos políticamente correctos, a veces vamos montados en unicornios sobre nubes rosas de purpurina, pero somos buena gente. 
Se levanta y extiende su mano delante de mí. La observo detenidamente durante unos segundos. Tiene dibujada una gran sonrisa sincera en la cara o eso me parece. 
—Vamos, Ailean, no comemos. —Abre y cierra sus dedos sobre la palma un par de veces, como diciéndome que me fíe de ella, acompañado de un asentimiento con la cabeza. 
Respiro un par de veces profundamente y me agarro a su mano fuertemente, como si tuviese miedo a caerme si no me aferro a ella. 
—Solo mordemos si nos lo piden amablemente.
Me guiña un ojo y se muerde el labio. ¿Está coqueteando conmigo o solamente es su forma de pedirme perdón por lo que ha pasado?
—Vamos, a ver si consigo que me vuelvas a enseñar esa preciosa sonrisa otra vez. —Tira de mi mano fuertemente—. Vamos. (…)


Si estas páginas 99 os han hecho tener ganas de leer mis novelas, podéis encontrarlas todas en este enlace y os enamoraréis ya por completo de todas las historias.

¿Os atrevéis a conocer a fondo a Lucía, Marina, Adriana, Mariola y Vika?

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2 COMENTARIOS

  1. Para mi x supuesto q pasas el test, aunque no se si soy imparcial porque soy una enamorada de tus novelas, de tus personajes y hasta de lo poco que conozco de ti. Muchas gracias me ha encantado recordar,

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  2. No sabía lo de la página 99, es algo que tendré en cuenta. Tus libros para mí pasaran todos los test, y mira que me los he leído, pero ya tengo ganas otra vez

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